Los premios. Refuerzos positivos



Premiar al perro en fases tempranas del aprendizaje, así como cuando le estamos enseñando un nuevo comportamiento es fundamental, no deberíamos confundir estos refuerzos positivos con darles «chuches», bien porque nos da la gana o bien porque estemos tratando de distraerlo de algo o desensibilizarle.


Muchos detractores de la educación en positivo atacan diciendo que es la «educación de las salchichas», lamentablemente esta gente, anclada en métodos arcaicos, no suelen gozar de un mínimo nivel de observación o capacidad/ganas de aprender.


Un refuerzo positivo puede ser cualquier cosa para un perro, desde la mencionada salchicha, un juguete, una caricia, un poco de atención, montar en coche, llegar al parque…, hasta comportamientos autorreforzantes como es el ladrar, jugar, masticar cosas…


Cada perro es único y no todos aceptarán de igual grado las mismas recompensas. Los hay que pueden mantener durante tiempo ilimitado el gusto por un premio y los hay que se aburren cuando llevan un rato o pierden motivación. A otros perros, ciertos premios pueden provocar tal excitación que no será conveniente su uso si se ha de trabajar con ellos. Incluso hay refuerzos que pueden ser agradables para muchos perros, pero incompatibles con otros (los hay a los que les encanta una caricia y los hay que huyen de ellas).


Deberíamos preocuparnos de conocer a nuestro perro y saber qué es lo que le gusta y así poder seleccionar diferentes refuerzos bien sea para adecuarlos al momento o decidir con qué nivel o calidad premiar (cosa que hacen algunos entrenadores).


Los refuerzos en forma de comida son de los más útiles a la hora de premiar muchas repeticiones de un mismo comportamiento, pero ¡ojo!, debemos tener en cuenta qué le estamos dando al perro ya que, después de algunas repeticiones, podrían provocar mucha sed y empezar entonces a ser un castigo más que un premio (hay perros que aunque estén sedientos y/o cansados siguen cogiendo premios, hay que observar bien y darse cuenta de que algo no va bien).


No debemos confundir premiar un comportamiento con sobornar al perro, por lo que no deberíamos siempre trabajar con la comida en el mismo sitio e incluso deberíamos alejarla de nosotros.


En ocasiones, si vemos que un reforzador no está funcionando como debiera, tendríamos que plantearnos la posibilidad de buscar uno que tenga más efecto, aunque lo primero a observar será el estado emocional del perro, pues el uso de reforzadores con un estado emocional no muy apto puede echar por tierra, y por mucho tiempo, el propósito del reforzador, creando el perro una asociación «malestar»=»reforzador utilizado».

Y siempre que trabajemos con el perro, la máxima será hacerlo al ritmo que nos marque el perro. Cada perro es un mundo, por lo que cada uno tendrá su ritmo de aprendizaje.