Mi perro no puede convivir con gatos

¡Cuántas veces habré escuchado o leído esto!

Y lo peor de todo es que en el 90% de los casos, la posible convivencia se ha determinado presentando en una casa a un gato y a un perro y «valorando» instantáneamente las reacciones de la siguiente manera:

  • Si el perro se pone hecho una fiera, ladra e intenta tirarse hacia el gato, el perro se etiqueta como que no puede convivir con gatos.
  • Si el gato se pone hecho una fiera, bufa, gruñe, e intenta atacar al perro, el gato es etiquetado como que no puede convivir con perros.



Lo mismo se hace para la valoración de convivencia entre gato y gato.

Según esta teoría de comprobación, ninguno de mis perros podría convivir con gatos y la mayoría de mis gatos tampoco podrían convivir con perros ni con otros gatos.

Hay que tener en cuenta muchas cosas que pueden ocurrir en la presentación:

  • Alguno de los animales puede estar en su casa y el otro entra nuevo.
  • El que llega nuevo es posible que ni conozca la casa, ni a las personas que allí habitan.
  • Que el animal sea adulto o cachorro.
  • El nivel de estrés tanto del nuevo como el que ya habita puede ser alto por la situación y pueden no saber gestionarlo como es debido.
  • El gato puede estar encerrado en una jaula.
  • Que el gato no cuente con escapatorias ni en horizontal ni en vertical.
  • Que el perro no haya inspeccionado antes la casa.
  • El número de animales que conviven en la casa es excesivo o no está equilibrado.
  • Etc.


Habría también que distinguir entre gatos domésticos, gatos semi-salvajes y gatos salvajes, pues en estos casos, la manera de convivir puede variar.

Lo que debe de quedar claro es que una primera impresión va a marcar gran parte de la relación futura y debemos procurar que esa «primera impresión» sea la mejor posible. Para ello debemos de tener paciencia (en algunos casos, mucha paciencia) y esperar para la primera presentación el tiempo suficiente para poder garantizar que esta ocurra sin problemas o que estos sean mínimos.



Hay perros y gatos que en cuestión de días podrían convivir juntos sin problemas, otros pueden llevar semanas, meses e incluso algunos casos más complicados hasta un año.

Es importante conocer el historial del perro y saber si ha matado gatos como afición, en ese caso, la adaptación podría ser realmente complicada, aunque no tiene porqué ser imposible.


Hay quien dice que lleva años presentado gatos y perros y que lo hace a la «antigua usanza» presentado al gato en una jaula y dejando que bufe mientras otros gatos o perros están fuera. Dirá que le funciona y que muchos gatos que metió así, ahora conviven perfectamente con perros. No lo pongo en duda…, pero yo me pregunto: 

¿qué pasó con los que no pasaron bien la prueba? 
¿se les limitaron las posibles opciones de tener una familia? 
¿una presentación forzada es una garantía de algo? 
¿la relación podría haber sido mejor de no haber sido forzada?
¿era necesario someter a los animales a ese estrés?

Porque que un perro que llega lleno de miedos o casi en indefensión se quede parado y no haga nada ante un gato, no quiere decir que cuando se recupere o en otro entorno o con otros gatos, no corra tras ellos o se muestre agresivo. Lo mismo con uno que ladre y se muestre agresivo por miedo, una vez recuperado, puede que sea todo lo contrario. 


Noelia Prieto
Antonio L. H. Calderón
CalmaDogs