Mi perro se pone muy tonto cuando va atado

“Cuando va suelto, juega con otros perros, pero cuando le llevo atado les ladra, les gruñe e incluso les tira un bocado… y cada vez es peor, al principio se lo hacía solo a perros grandes, pero ya se lo hace a todos”.

Y es cierto, vemos que el perro atado se vuelve una fiera e intenta comerse a todo perro que tenga cerca.

Los propietarios nos suelen contar que al principio no lo hacía o que sólo se lo hacía a un “sector concreto de perros”: hembras o machos o perros grandes o perros pequeños… o incluso que se ha vuelto así tras una operación.

Pero lo que solemos ver en la mayoría de los casos es un perro bajo un mal manipulado de correa, el uso de material poco adecuado e incluso al que inconscientemente se le ha reforzado esa actitud.

Veamos qué podría estar pasando:

  1.  El perro ve a otro perro y en ese momento sube su excitación, puede ladrar y tira de la correa. Esta parte puede ser normal en perros que no controlen muy bien la excitación inicial de ver a otro perro y no poder acercarse a él por el hecho de ir atado.
  2. Al tirar, puede ocurrir que el perro se haga daño. Aquí influye mucho el material que se utilice pues el perro no va a sufrir el mismo daño si lleva un arnés acolchado o lleva un fino collar de ahogo o de pinchos. También pueden influir los gritos, los tirones que nosotros proporcionemos.
  3. El perro no sabe que el daño que siente proviene del hecho de tirar de la correa. Intenta asociar a qué se debe y dentro de su percepción encuentra que hay otro perro cerca.
    Comienza a asociar presencia de otro perro con dolor. Según vayan sucediéndose más casos, la asociación será mayor y con más perros.
  4. El perro, una vez que percibe el dolor puede intentar alejar lo que se lo produce, es decir, alejar a otros perros y lo hará como sabe, “gritando” lo más fuerte posible.

Para un perro, es mucho más complejo asociar directamente el hecho de tirar de la correa con el dolor que le provoca (y que es lo que la mayoría de propietarios cree que entiende el perro). Para que esto ocurra hay que tener más mala leche e inhibir, de alguna manera, el hecho de que el perro tire, en muchos casos, incluso inhibir su excitación inicial a la hora de ver un perro o un gato que corre, en cierto modo, que el perro deje de ser perro.

Hay que tener en cuenta que a cada perro le puede excitar una cosa diferente y que la forma de gestionar esa excitación inicial difiere de unos a otros, por lo que podemos tener un perro que jamás nos tire ante la presencia de otro perro y por tanto no realice nunca una asociación de este tipo o podemos tener un perro que se excite sobremanera cada vez que vea a otro perro.

¿Y entonces qué hago?

Lo que deberíamos tener claro es que causándole daño al perro solo empeoraremos “la asociación”, por lo tanto, darle tirones o utilizar material poco adecuado está totalmente desaconsejado. Añadirle más estrés a esta situación tampoco sería la vía de solucionarlo.

También deberíamos tener en cuenta que revertir este tipo de procesos cuando ya están ocurriendo no siempre es rápido ni fácil, no se trata de cambiar el collar de ahogo por un arnés y ya está solucionado. El dolor podría estar condicionado de tal manera que el cerebro lo sienta incluso sin que se produzca. Es importante darle tiempo al perro para que, de alguna manera, “descondicione”, también lo es poder estar con perros que no le añadan más sobreexcitación, sobre todo si va atado, evitar perros conflictivos y si ocurre lo inevitable (que el perro tire, ladre y gruña), no añadir más leña al fuego.

Es muy importante que entendamos qué es lo que está pasando y por qué. Si pensamos que el perro hace esto porque es tonto, mal vamos y terminaremos empeorando la situación tras habernos dejado dinero en todo tipo de cachivaches para que el perro no dé tirones. Si por el contrario pensamos que el perro no es capaz de gestionar esa situación, haremos todo lo que esté de nuestra mano para ayudarle de la manera más amable posible. No existe la receta mágica porque entre otras cosas dependerá del perro, de su estado mental, de la actitud y aptitud del propietario, del tamaño tanto del perro como del propietario, etc.