Alternancia premio y castigo

Premio y castigo

La alternancia premio-castigo es más peligrosa que el castigo reiterado y puede crear adicción. Esto es de “primero de psicología”.

Lo que se enseña mediante esa alternancia es a inhibir conductas, reprimirlas mediante el miedo a ser castigado… o buscar el premio como forma de evitar el castigo. Así se entrena a los animales del circo y también a nosotros.

Que un perro haga números de circo no le convierte en más educado, que un niño patine o juegue al fútbol estupendamente, tampoco lo convierte en un niño educado… un perro educado, desde nuestro punto de vista, es un perro con el que convivir es una delicia, un perro que puedes soltar en un parque y sabes que no se meterá en líos, un perro que no tiene que defender la comida, ni el sofá ni un palo y no porque tenga miedo a mi reprimenda, sino porque sabe que no hay ningún motivo para defender eso.

Un “domador” provocará los detonantes necesarios para castigar al perro y así inhibirle comportamientos y convertir la convivencia en una rutina de conflictos por cualquier cosa, desde la comida, al paseo, visitas, etc… que el perro terminará asumiendo como una “mierda” que tiene que aguantar en silencio.

Priva a un perro de las cosas más básicas de su ser y entonces vivirás con continuos problemas o bien, con un perro que en algún momento dejó de ser perro para convertirse en “algo” con forma de perro e imprevisible.

Los castigos son utilizados por “educadores” que no tiene recursos alternativos para corregir al perro.

¡La educación es mucho más que premios, castigos y halagos vacíos!

Si para que tú puedas disfrutar de perro, éste ha de ser castigado, no tengas perro, no es obligatorio tenerlo. Cómprate una buena moto o un coche y presume de ellos.