El perro de mi vecino

Seguramente a muchos nos pasa eso de que nuestro perro no se lleva bien con el del vecino y que se ladren a la distancia como si quisieran comerse el uno al otro.

A veces es un perro, a veces pueden ser varios.

Pero el patrón suele ser el mismo: perros que se ven casi todos los días pero que rara vez han podido interactuar entre ellos libremente.

También ocurre con ese perro-vecino que, sin previo aviso, aparece de repente al abrirse la puerta del ascensor, o al cruzar la esquina o que simplemente ladra y nos asusta al pasar delante de su puerta.

Al final, si echamos cuentas, son una sucesión de pequeños sustos que han ido condicionando la presencia de ese perro, de su dueño y posiblemente algunos anticipos y que han derivado en ese comportamiento por parte de los perros.

La reacción dependerá en gran medida de cada perro: unos ladrarán, otros tirarán, otros meterán el rabo entre las patatas, se erizarán e incluso no mostrarán nada salvo signos muy sutiles.

¿Qué puedo hacer?

Ante esto, las soluciones pueden ser irse a vivir a una isla desierta o aprender a convivir con esto, evitar los sustos anticipándonos dentro de lo posible, no dándole mayor importancia cuando ya haya ocurrido y muy importante: entender que para el perro es un momento en el que se asustó o que ya está condicionado a un susto y que, por mucho que no nos guste su reacción, JAMÁS deberíamos gritarle, tirarle o mandarle hacer nada al perro en esos momentos. Sacarlo de ahí de la mejor manera posible e intentar, para la próxima vez, anticiparnos.

Es muy importante que el perro vea que a parte de su “susto” no ocurre nada más y no hay de qué preocuparse.

Así es como, con el tiempo, el perro puede aprender que “no es para tanto” de lo contrario, esa reacción que se daba con unos cuantos perros del vecindario, acabará siendo la rutina habitual con todos los perros con los que se cruce.