Cuando se educa desde una base donde prima el respeto, podemos descubrir y entender cosas como que antes de ponernos a practicar cualquier deporte con nuestro perro es necesaria una adaptación e ir progresivamente mejorando su forma física.
Irnos a correr de buenas a primeras con un perro que no lo hace habitualmente, llevarlo atado y pretender que mantenga un ritmo que no es habitual puede ser peligroso. Parte de la musculatura puede estar atrofiada, sus almohadillas no ser lo suficientemente resistentes… Necesitará de un calentamiento previo, del material adecuado para la realización del ejercicio, adaptar poco a poco su forma física y por supuesto, adaptarse al ir atado practicando ese deporte a ese ritmo que no es el habitual.
Podemos enseñar a un perro a que «correr atado» a nuestro lado puede ser divertido o podemos traumatizar a un perro para que corra a nuestro lado porque no tiene otra opción y tiene miedo a recibir tirones de correa.