¿Evolución o involución?

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Leyendo muchos de los comentarios que se facilitan en los diversos grupos de internet me ha hecho pensar si lo que veían mis ojos se estaba escribiendo en enero de 2016 o por algún motivo nos habíamos trasladado a los años 90.

Si bien hay cosas de los años 90 que aún me siguen gustando, entre ellas ciertos estilos musicales, el tema de la educación canina sería más parecido a la música de Georgie Dann, que o bien nunca debería de haberse producido o que es mejor olvidar.

Voy a pegar un extracto de un artículo que se debió de escribir en los 90 y que se tradujo al castellano en 2003 y cuyo contenido algunos, aún, siguen defendiendo:

El arte de Castigar, si, ¡es un arte!

Aun cuando la segunda Guerra mundial estaba terminando los Japoneses se negaron a rendirse, a pesar de que toda esperanza se había perdido, ellos continuaron resistiendo hasta que la bomba atómica los dejo sin alternativas. Su testarudez se debía en gran parte al tono agresivo de unos documentos que Washington había enviado a Tokio. Estos papeles tenían como finalidad dar los términos y condiciones sobre la rendición japonesa. La intención americana era tratar con generosidad a los japoneses después de la guerra, pero el tono de los papeles hirió la sensibilidad de la cultura japonesa lo cual los llevó a concluir que después de la guerra iban a ser tratados muy severamente. Por eso pelearon, porque unos documentos tenían un significado para los japoneses que lo leyeron y otro muy diferente para los americanos que lo escribieron.

Mientras te preparas para entrenar a tu perro te haría muy bien recordar algo: los perros no son humanos cubiertos de pelo. Las diferencias culturales entre naciones son muy pequeñas comparadas con las que hay entre perros y humanos, nosotros interpretamos los eventos de acuerdo al filtro cognoscitivo que nos heredaron nuestros ancestros. Pero entre tu perro y tú es muy diferente: cualquier evento va a tener un significado para ti y otro muy diferente para tu perro. Por esto es que es completamente ridículo que se espera que los perros piensen y se comporten de acuerdo con las reglas de cordialidad y respeto de la sociedad humana.

Cuando socializamos a nuestros perros les enseñamos nuestra forma de hacer las cosas. Sin embargo los perros solo pueden entrar en nuestra realidad de una forma limitada. Si realmente quieres comunicarte con tu perro tienes que entender como es que él ve las cosas. Necesitas entrar en su realidad y expresarte en términos que él pueda entender para poder transmitirle tus intenciones y deseos.

Los perros se fijan mucho en el “estatus” social. Los humanos también por supuesto, pero los perros aun más. Tu perro le ha asignado una clasificación social a cada humano o perro que conoce, sus clasificaciones son dos: jefe/dominante/líder y sumiso/seguidor/sirviente. En su forma de ver las cosas todo mundo debe ser uno u otro.

Si el perro piensa que tú eres el jefe entonces seguro que él debe ser el sirviente y si piensa que él es el jefe entonces tú eres el sirviente. En la mente del perro todos están clasificados como: dominante/superior o sumiso/inferior, y tu perro sabe que él debe ser lo contrario a cualquiera de lo que tú eres.

Esto es importante para ti durante el entrenamiento porque en la percepción animal de tu perro, la criatura dominante tiene derechos y privilegios y la criatura sumisa tiene obligaciones que el dominante debe comunicarle de cierta forma. Si quieres que tu perro responda como si tú fueras el perro dominante entonces debes comportarte como los perros dominantes se comportan.

El perro dominante gruñe cuando ve que otro perro está haciendo algo que él no aprueba y quiere que deje de hacerlo. Si el comportamiento continua el perro dominante se abalanza en forma agresiva hacia el mal portado, si la situación lo amerita quizá hasta lo ataque con una serie de mordidas, el perro inferior se rinde inmediatamente. Entre perros todo está claro, un perro que se ve a sí mismo como inferior casi siempre se va a rendir para no ser mordido. No hay muchas heridas de mordidas entre perros: el líder comunica su intención de poner al perro inferior en sumisión por medio de esa embestida agresiva.

Un perro inferior que ve al perro dominante correr agresivo hacia él no se trauma, tiene la certeza de que el perro dominante tiene el derecho de decidir como deben ser hechas las cosas, y desde su perspectiva, la agresión física es la forma en que el perro dominante expresa sus deseos. El perro inferior no siente autocompasión, acepta las cosas tal y como son porque así se supone que deben ser. No se sienta a lamentarse de su suerte porque debe someterse a otro perro. No piensa dos veces, sólo obedece.

Cuando entrenes a tu perro necesitas castigar en la misma forma que un perro dominante castiga. En los últimos años he observado como uno de mis vecinos entrena a su perrita para no ladrar. Algunas veces, después de que la perra ladra, él la llama con voz llena de amor, parece que este señor piensa que de esta forma la perra va a dejar de ladrar. La realidad es que la perrita no tiene ni la menor duda de que el señor de la casa quiere que deje de ladrar, pero a ella no le interesa lo que él quiera, su comportamiento débil le ha dado todas las indicaciones de que ella, la perra, es la dominante \ jefa \ superior.

Así es como todo este asunto funciona: según el perro, tú debes ser dominante o sumiso. Esta perrita toma las fallas de su dueño como una indicación de su sumisión. Desde el punto de vista de un perro, si tú tomas una postura sumisa eso significa que le estás dando el mando. Es importante notar: un perro que piensa que tú tienes el estatus de sumiso \inferior \sirviente no se siente obligado en absoluto a tomar en cuenta tus deseos u órdenes.

Mi vecino siente que esta siendo “bueno” con su perra, pero el resultado es que hace imposible la comunicación con ella y de paso arruina la excelente relación que podrían tener.

A tu perro no le va a importa tu opinión sobre sus ladridos a menos que crea que tú eres el perro dominante y si lo quieres convencer de ello tienes que comportarte como los perros dominantes se comportan.

En el mundo canino el perro dominante corrige a los inferiores con embestidas agresivas. No es así como se hacen las cosas en nuestra sociedad pero los perros no son humanos con pelo, son perros, y esa es la forma en que ellos arreglan sus cosas.

Tips para dominar a tu mascota

Los perros solamente entienden unas cuantas palabras del lenguaje humano, pero comprenden perfectamente bien el lenguaje corporal. Por esto es que debes corregirlo usando el lenguaje corporal que un perro dominante usaría.

Cuando el perro ladre ve hacia él. No lo llames para que venga hacia ti. Arremete contra él con tus hombros por delante y tus ojos fijos en los de él. Utiliza tu lenguaje corporal para indicarle que estas preparado para usar fuerza física. La regla es: entre más intimidante sean tus movimientos durante la embestida, menos fuerza vas a tener que usar cuando llegues a donde tu perro está. Así que has uso de tus dotes de actor o actriz, toma el papel de un perro dominante y feroz, exagera todo lo que puedas tu actuación.

Justo un instante antes de llegar al perro di: “NO” y dale un golpecito en la nariz. El golpe debe ser administrado con dos dedos, levemente. La mejor forma de calibrar la fuerza de tu golpe es practicando en tu misma cara. Te vas a dar cuenta de cuan desagradable es. Un golpe en la nariz puede que sea un castigo ligero pero es muy efectivo, especialmente si es usado con una embestida agresiva, un lenguaje corporal intimidante y un “NO” en tono de desaprobación.

No golpees a tu perro con demasiada fuerza en ninguna parte de su cuerpo, especialmente en la nariz o en su cabeza, le puedes causar un severo daño cerebral que puede no ser aparente de inmediato pero será muy obvio en el futuro. Los cachorros son extremadamente vulnerables, así que ten mucho cuidado. Siempre recuerda que tu meta es asegurarte de que tu perro asocie los ladridos con consecuencias desagradables, por esto es que solo es necesario que el castigo sea desagradable. No hay necesidad de ser brutal. Jamás golpees al perro para causarle dolor o dañarlo físicamente.

La reacción de tu perro va a ser la mejor forma de medir si tu castigo está funcionando o no. Algunos perros, por ejemplo los Collies (¿recuerdas a Lassie?) son tan sensibles que golpearlos, gritarles o embestirlos puede ser demasiado traumático para ellos y puedes dañar tu relación con tu perro si tu actuación es demasiado dramática o repetitiva. Esta raza responde a castigos muy ligeros como por ejemplo un simple “no”, una mirada de desaprobación etc. Si ese es el caso de tu perro te felicito, tienes una gran ventaja. Es mucho mejor que los castigos sean ligeros y obtener buenos resultados, pero deja que la reacción de tu perro sea tu guía:

Después de que arremetes contra tu perro, dices “No” y le das un golpecito, observa lo que hace. Si se ve totalmente aterrorizado por lo que le hiciste necesitas cambiar tu castigo a uno más ligero. Si se ve desconcertado vas por buen camino. Pero si bosteza o se ve como si no le importara necesitas subir la intensidad de tu castigo.

Si tu perro no se impresiona con tu intervención tienes 4 opciones para incrementar la intensidad del castigo. La primera que de debes intentar es usar un lenguaje corporal mas intenso, dramático y agresivo. Ponle furia a tus ojos mientras arremetes hacia el perro. Muévete como alguien que está atacando y levanta tu mano como si le fueras a propinar un golpe fuerte. También intenta decir “No” con ira. Todo esto puede hacer que el golpecito de la nariz tenga mucho mas efecto, también puedes alternar el golpecito con otra consecuencia que tu sepas que tu perro va a aborrecer. (No olvides que jamás debes lastimar a tu perro).

Observa al perro cuando sabe que va a ser castigado. Por ejemplo: cuando ladra mira hacia donde estás porque sabe que lo vas a castigar y ¿qué hace? Si el entrenamiento te esta dando resultados el perro va a tener cara de culpable, va a estar un poco nervioso porque sabe que algo desagradable está por ocurrir. Va a ser muy obvio, su lenguaje corporal te va a decir: ” Ay no, desearía que esto no estuviera pasándome”. Sin embargo el perro no debe estar totalmente aterrorizado. Recuerda que la meta es que el castigo sea intenso para que el perro no se porte mal de nuevo, no estas tratando de medio matarlo del miedo o lastimarlo. Por otra parte, si tu perro no esta desconcertado en absoluto cuando sabe que va a ser castigado significa que no lo estas impresionando.

Necesita encontrar rápidamente el nivel de castigo que funciona. Las investigaciones en esta materia han mostrado que si empiezas por aplicar un castigo ligero y lentamente incrementas la intensidad, le das al perro la oportunidad de acostumbrarse. El resultado de esto es que al final vas a tener que aplicar un castigo muy severo para corregir a un perro que se acostumbró a ser castigado, Esto es contraproducente, es mucho mejor encontrar desde el principio la intensidad adecuada para el castigo.

Por supuesto que al final sabrás que tu técnica de entrenamiento funciona porque tu perro deja de comportarse mal, si encontraste un buen castigo y lo has aplicado por un tiempo apropiadamente tu perro va a responder.

Fuente:

Escrito y creado originalmente in English por Craig Mixon, Ed.D.,
Traducido al español por Andromeda Mendez Mobbs
Envíanos un email a quieto@perrosladran.net
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Leer esto o escuchar la defensa de estas propuestas me resulta patético. Se ha avanzado desde los años 90, al menos en esto de la educación canina y que aún haya defensores a ultranza de estos métodos más propios de las Guerras Mundiales donde los perros se utilizaban como minas antitanques, lo único que me sugiere es que no han evolucionado desde entonces o, simplemente, han involucionado.

Un comentario en “¿Evolución o involución?

  1. Estoy seguro que con un estudio medianamente serio encontraríamos un patrón que explicara el por qué somos tan cafres y seguimos perpetuando este tipo de cosas.
    No sé, una mezcla entre complejo de inferioridad/superioridad, efecto Dunning-Kruger y la reticencia innata del ser humano a cambiar lo que “siempre se ha hecho así”.

    De lo contrario es incomprensible que al mismo tiempo que alguien, consciente del terrible daño que provoca una acción, al mismo tiempo insista en aplicarla de manera tajante, repetitiva, contundente e inconsciente (pararse a pensar es de sumisos).

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