La sutileza del castigo (parte I)


En los últimos años, mucha gente ha empezado a ver con cierto resquemor ciertas técnicas que se utilizaban tanto en el adiestramiento canino como en la modificación de conductas.

Ahora, cuando alguien escucha que para que un perro deje de orinarse en casa lo que se debe hacer es rebozarle el hocico en su pis, ya no le parece tan buena idea, la cuestiona y casi siempre se opone a ese “método”. Lo mismo ocurre cuando le sugieren golpear con un periódico o pegarle una torta al perro, tampoco se acepta fácilmente.

Muchos ya se oponen a técnicas punitivas a la hora de tratar a su perro además, se dispone de mayor información que fácilmente desacredita ciertos métodos, hay mayor concienciación sobre el maltrato animal.

Pero cuando no se es un experto y aparece alguien que, supuestamente lleva más años en este mundillo del perro, puede llegar incluso a convencernos que dar una torta o un buen tirón de la correa es necesario, como el darle una torta a un niño (no sé cómo, pero siempre sale a relucir lo de la “hostia a tiempo”).

Un supuesto “adiestrador” puede convencernos de la necesidad de utilizar un collar de ahogo, de pinchos, incluso de voltear al perro para demostrarle quién es su líder, con el objetivo de TAPAR cualquier problema de conducta que se presente. Además, hay que recordar que muchos “adiestradores” no saben resolver problemas de conducta si no es mediante el uso del castigo o bien no disponen de paciencia, de conocimientos o de la capacidad suficiente para hacer entender al propietario en qué consiste trabajar amablemente con su perro, pero sí son unos grandes expertos en sacar partido de la desesperación de los propietarios.

Pero ahora, que parece que la sociedad se muestra más sensible con esto del maltrato, aparecen nuevas ideas o herramientas con el objetivo de “rebajar la crudeza” que nos podría suponer pegar físicamente, dar tirones o ahogar al perro.

Por un lado aparece la tecnología en forma de collares eléctricos y dentro de su gama: de descarga, de vibración o de spray (los defensores a ultranza de la electrónica en forma de collar harían bien en no “trollear” demasiado: si a ellos les funcionó me parece bien, seguramente a su perro no tanto y tendrán mil y una excusas para utilizarlo con su perro que tanto adoran y si no las tienen, pues se las inventarán).

Y por otra parte aparecen formas muy sutiles de castigar sin que parezca un castigo, de hecho hay quien cuestionará si realmente son castigos.

Entre estas formas sutiles podemos hablar de artilugios como el spray o pistola de agua, el bote con sonido, las chapas metálicas, la lata llena de monedas, arneses con tirantes que se cierran, ronzales… todos con la promesa de solucionar cualquier problema en el mínimo tiempo y todos basados en corregir los síntomas sin valorar jamás las posibles causas que llevan a ellos.

 

Y también el castigo psicológico, confinamiento, gritos, frustración, enfado, miradas de reprobación y como no, los milagrosos ¡no! y los famosos ¡chss!

En cualquier discusión centrada en el trato amable se llega muchas veces a un punto en que se dice ¡no es para tanto! refiriéndose a una descarga eléctrica, confinamiento momentáneo, al spray, al ruido, al cachete, a las correcciones verbales… hace años también pasamos por eso, y entonces ¡no era para tanto! golpear al perro, ponerle un collar de pinchos o colgarle de un collar de ahogo, de hecho, tratar bien a un perro era cosa de “maricas”.

Ese “no es para tanto” depende de muchas cosas: evidentemente utilizar estas “herramientas” no mata al instante, un perro no se muere por utilizar un collar de descargas ni por rociarle la cara con un spray de agua, mucho menos por utilizar correcciones verbales… al menos, al instante.

CONTINUARÁ…